Circunstancias, tiempo y voluntad hicieron posible el arribo a puerto seguro, no sin avatares y enigmas,del 505 aniversario de la fundación de esta ciudad-villa, con sus habitantes prestos a preservarla con una buena dosis de amor. Quienes la idolatran tienen claro que solo el orden, la belleza, la armonía y la calidad en todo lo que se haga pueden configurar un paisaje urbano que, no por histórico, deje de responder a las necesidades más actuales.
Esa responsabilidad con el rico legado que atesora el Camagüey tensa el pensamiento y la acción creadora en busca de soluciones viables para estar a tono con el desarrollo económico y demográfico, sin perder el compromiso ineludible con el patrimonio. El reto está en que los valores universales excepcionales de la otrora Villa de Santa María del Puerto del Príncipe, armonicen con lo más contemporáneo y generen un funcionamiento sostenible.
Razones sobran para festejar, a sabiendas de que se puede hacer mucho más en la conservación y protección de los valores históricos, culturales y arquitectónicos que enaltecen a la villa principeña.
Es importante conocer la historia local porque solo así podemos entender el privilegio de lo legado por las generaciones pasadas y la necesidad de preservarlo para los camagüeyanos por nacer. Es preciso sentir la ciudad en la piel para no dañarla en su estructura y esencias, aprender a caminarla y dejarse sorprender por las peculiaridades de su diseño urbanístico y el calor humano de su gente.
Y otro aspecto fundamental es manifestar el cariño por la urbe a todos los que lleguen a ella, ser hospitalarios incrementa los encantos de 505 años de historia. Mucho pueden hacer los jóvenes por preservar el patrimonio edificado e inmaterial de esta urbe medio milenaria. Esta ciudad merece eso y más de las nuevas generaciones.