EL CLIMA DE DISTENSIÓN EN LAS RELACIONES CUBANO-ESTADOUNIDENSE A PARTIR DEL PASADO AÑO, PROPICIA EN EL CARIBE UN NUEVO ESCENARIO PARA EL TURISMO Y EN PARTICULAR LA INDUSTRIA DE CRUCEROS

Finalizando la década de los setenta, el Caribe y el Mar de Las Antillas se convirtieron en zona principal de cruceros. Su estructura geográfica le permite la navegación en corta distancia y la visita a más de dos decenas de pequeños estados insulares y puertos en su cuenca, con diversidad de costumbres, idiomas y raíces coloniales, propiciando el acceso a un verdadero mosaico de nacionalidades. Ello constituye una oferta única de multidestino dentro del sector de los viajes y el turismo. Durante los últimos cincuenta años, Cuba como destino turístico caribeño, se ha mantenido, sin embargo, excluida de este mercado de viajes vacacionales debido a las restricciones impuestas por los gobiernos de Estados Unidos.
El Caribe se ha consolidado en los últimos años como una importante zona de operaciones en este tipo de negocios con una participación del 40 % de las operaciones mundiales y una tasa promedio de crecimiento anual de 6,8 %, previéndose mayores incrementos en franca competencia directa con el turismo de estancia. El crucerismo en el Caribe, por su parte, se ha convertido en un elemento clave para la economía local (sectores artesanal, gastronómico y de entretenimiento, entre otros) de muchos de los pequeños estados insulares incluidos en los itinerarios de los cruceros. Siete destinos de cruceros han acaparado casi el 70 % de los turistas (Ver Tabla 1).
El clima de distensión en las relaciones cubano-estadounidense a partir del pasado año, propicia en el Caribe un nuevo escenario para el turismo y en particular la industria de cruceros. Las principales compañías del sector que operan en el área, consideran que la presencia de Cuba en los circuitos tendrá un impacto inmediato en este sector. Estas compañías, que han estado presionando sin éxito a todos los destinos caribeños para desarrollar productos y experiencias más allá del sol y el mar, encuentran en Cuba la oportunidad de presentarse como un destino más diversificado. Adicionalmente, estas navieras tienen un historial exitoso de inversión en infraestructuras portuarias y de rápida puesta en operación terminales y puertos nuevos o mejorados de escala.
Cuba es un archipiélago de islas con múltiples destinos desarrollados como zonas turísticas y ofrece autenticidad cultural, un enorme patrimonio y naturaleza impresionante. Por estar cerca de los Estados Unidos, los costos de los viajes que se proyectan serán relativamente menores, en comparación con la región en general, lo que contribuye a hacer este mercado atractivo para los inversores y los consumidores. Los destinos turísticos de la región deberán asumir esta oportunidad sin precedentes para fortalecer la cooperación en el sector entre Cuba y sus vecinos insulares caribeños con vistas a consolidar el potencial de una de las regiones turísticas más envidiables del mundo.
Es de interés recordar que Cuba comenzó a recibir buques de pasajeros desde los inicios del siglo XX, cuando la Naviera Clyde Line destinó el buque Seneca al itinerario Miami-La Habana, desde el puerto de Miami, transportando en la temporada 1926-1927 a 12.140 turistas. En la temporada siguiente, la Compañía Ward Line, también estadounidense, dedicó el “Roosevelt”, el “Morro Castle” y el “Oriente” para el mismo servicio. Dicha competencia provocó una enorme publicidad, y la escala del “Mauritania”, uno de los mayores y más lujosos buques del mundo, fue comentado por la prensa estadounidense como un gran acontecimiento. El 31 de diciembre de 1931, para esperar el año nuevo, coincidieron en la bahía de La Habana, los 30 buques de mayor porte y más lujosos del mundo. El “Rex” no cupo y fondeó en la bahía de Matanzas.
Ochenta y cinco años después, se prevé la reinserción de Cuba en esta industria, el año 2015 cerró con la visita de 27.011 cruceristas; la actual temporada de cruceros prevé noventa escalas de Cruceros en La Habana, hasta el momento, ninguno procedente de territorio estadounidense. Mientras tanto, las principales compañías de cruceros con base en Estados Unidos, realizan contactos con las autoridades turísticas y portuarias cubanas, para incluir en sus itinerarios la visita a los lugares que durante tantos años les han sido prohibidos.
La reapertura de Cuba tendrá un efecto en el aumento de la capacidad del mercado del sur de la Florida, que ayudará a la región a mantener su dominio en el sector. El puerto de Miami se encuentra  aproximadamente a 198 millas náuticas del puerto de La Habana, esto permitiría una ventaja competitiva desde una perspectiva de velocidad y distancia en el desarrollo de operaciones de cruceros, así como de transbordadores (ferries) y de carga. El desarrollo de itinerarios más cortos en salidas desde el sur de Florida, para tomar ventaja de la proximidad a puertos claves cubanos, puede aumentar el rendimiento de pasajeros, una vez concretada la entrada a Cuba de cruceros desde Estados Unidos.
Muchos expertos coinciden en que la infraestructura vinculada a las operaciones del turismo de cruceros, similar a la de otras islas del Caribe, puede tomar de 2 a 3 años para desarrollarse una vez que Cuba esté abierta. Este período de tiempo también permitiría la adecuación de los puertos del sur de la Florida con vistas a apoyar las nuevas operaciones de cruceros.
La ya visible irrupción de Cuba en el escenario caribeño podría ser la tónica que los países necesitan para construir nuevos enfoques estratégicos destinados al desarrollo del turismo produciendo resultados sostenibles para sus ciudadanos. Mientras Cuba y el Caribe se preparan para el crecimiento continuo del turismo, la subregión caribeña debe superar las expectativas de los visitantes para mantener permanentemente una ventaja competitiva frente a otros destinos.