CON UN EXPLOSIVO CRECIMIENTO DEL TURISMO EN LOS ÚLTIMOS AÑOS, ESTE PAÍS SE HA CONVERTIDO EN UNO DE LOS DESTINOS PREDILECTOS DEL MUNDO, POR LA DIVERSIDAD DE SUS OFERTAS, Y EN ESPECIAL POR EL CALOR CON QUE TE ACOGEN SUS HABITANTES

Cuando se va llegando en avión a República Dominicana, uno siente que la vida puede cambiarle para siempre. Quizás sea el contraste tan agudo del azul violento del mar con el alegre verde de la vegetación, o el calor que casi todo el año te abraza cuando sales de una habitación refrigerada, o el merengue, un himno nacional, que se escucha en las calles, los autos, los bares y hasta en la boca de los pregoneros.
Lo cierto es que casi nadie puede permanecer indiferente en este país, de tantos atractivos y opciones como gustos existen en el planeta. Aquí la selva tropical da paso a urbes cosmopolitas. A poca distancia de una playa paradisiaca pueden verse en plena mar a decenas de ballenas. En la capital conviven un moderno metro subterráneo con las casas coloniales más antiguas de América. Hay los más lujosos resorts todo incluido del Caribe y villas señoriales casi intactas desde hace siglos. Es una amalgama de épocas, costumbres y colores.
Se necesitaría toda una vida para conocer República Dominicana. Y todavía pediríamos otra más para disfrutarla.

Santo Domingo, cuna y ciudad
No importa por dónde se entre a la capital dominicana. Inevitablemente terminará dirigiendo sus pasos al Alcázar de Colón, rezando un Padre Nuestro en la Catedral Primada de América, y levantando la vista hacia el Faro Colón.
El Alcázar de Colón fue la primera casa de Diego Colón, el hijo del gran Almirante, y la primera edificación totalmente de piedra construida en las Américas. Aunque la entrada la cobran, vale la pena para apreciar todos los tesoros que allí se guardan, algunos con más de cinco siglos de antigüedad.
Saliendo de allí, lo ideal, sobre todo de noche, es sentarse en algunos de los cafés que rodean la amplia Plaza España, todos con una exquisita gastronomía, variadas referencias de vinos, y algunos hasta con música en vivo.
La plaza es, junto al Parque Colón y la Catedral Primada de América, el eje corazón de la zona colonial de Santo Domingo, atravesada por varias arterias antiguas, algunas todavía empedradas, de las que quizás la más pintoresca sea la Calle de las Damas.
Toda la zona está llena de restaurantes, tiendas de souvenirs, discotecas, bares e infinidad de comercios. El ron, la coctelería y las comidas típicas del lugar son toda una aventura de los sentidos para disfrutar allí.
Los dominicanos, no obstante, muchas veces prefieren la cerveza, y hay excelentes marcas locales para disfrutar, como la Presidente, la más famosa, que tiene una versión muy curiosa a la cual le llaman “jumbo”, en alusión a los grandes aviones, pues la botella contiene casi un litro. Aunque “oficialmente” no se puede beber en la vía pública, existe la curiosa costumbre de entregar la botella de cerveza, siempre bien fría, envuelta en una bolsa de papel.
En Santo Domingo tampoco puede perderse el Faro Colón, un monumento y museo construido en honor a Cristóbal Colón, donde se dice estuvieron ubicados durante mucho tiempo sus restos y que contiene algunos objetos de valor relacionados con la travesía. La construcción es del año 1992, cuando se cumplieron 500 años de la llegada de los españoles. Visto desde el aire, el monumento de hormigón y mármol se erige como una gran cruz. De noche, se prenden las 251 luminarias que permiten verlo desde varios kilómetros a la redonda.

Punta Cana, la tierra más hermosa
Por la calidad de la arena y las aguas cristalinas, Punta Cana está considerada entre las mejores playas del mundo. Allí se puede llegar directamente en avión, pues tiene un excelente aeropuerto, o por carretera desde Santo Domingo, viajando hacia el este de la isla.
Se trata de un cabo que se adentra en las aguas del Atlántico, de playas inigualables, convertido desde hace años en uno de los lugares más populares del Caribe, donde existen grandes resorts all inclusive, que además se combinan con diferentes opciones para disfrutar en los pueblos cercanos.
Aunque es difícil elegir entre sus múltiples playas, casi todos los visitantes coinciden en que la mejor es Playa Bávaro, con aguas todo el año entre los 20 y 30o Celsius, y excursiones cercanas a cuevas, manglares y disfrute de la naturaleza.

El Puerto de Plata
Puerto Plata es una de las provincias más concurridas del país y está relativamente cerca de Santo Domingo, con una buena autopista para llegar hasta allí, aunque también lo puede hacer por aire con un vuelo muy corto, generalmente en aviones de pequeño porte.
Para muchos el pueblo y sus hoteles cercanos son la base ideal desde donde escaparse a recorrer playas como Cabarete, Boca Cangrejo, Bergantín, Playa de Copello y la Mariposa, lugares pintorescos, alegres y muy típicos.
Tres curiosidades no deben perderse. La primera es el afamado Museo del Ámbar, donde se encuentra una de las más completas colecciones de ámbar del mundo, y en algunas piedras pueden verse atrapados insectos de épocas prehistóricas. Muchos dicen que ahí nació la idea original de Parque Jurásico.
Para los más atrevidos están los 27 Charcos de Damajagua, una de las maravillas naturales del país, un parque natural con múltiples cascadas, algunas hasta de 13 m, que forman cortinas de aguas y piscinas naturales, en una excursión que estimula la adrenalina, porque debe vencer cada “charco” a través de toboganes naturales.
La otra maravilla es Cayo Paraíso o Cayo Arena, frente a Punta Rusia y La Ensenada, una isla de ensueño, toda formada de arena y rodeada de corales, con apenas cien metros de extensión y a la cual se llega mediante una excursión en barco de aproximadamente una hora. La exuberante fauna marina que la rodea es una experiencia única.

Maravillas naturales
De una naturaleza tropical exuberante, hay muchos lugares en República Dominicana realmente excepcionales. Cap Cana, por ejemplo, considerado como un destino en pleno crecimiento, es un exclusivo refugio ecológico virgen, con playas de arena blanca, acantilados y hermosa vegetación.
El Parque Nacional Los Haitises, al sur de la bahía de Samaná, está considerado la reserva acuífera más importante del país, y junto a la flora y fauna alberga cuevas y lugares llenos de vestigios de los taínos, habitantes precolombinos que dejaron sus huellas en forma de pictografías.
Otro lugar encantado es la Isla Saona, la más grande de las islas que pertenecen a la República Dominicana, esta forma parte de la Provincia de La Romana y es parte del Parque Nacional del Este. Llegar hasta ella es un viaje seguro a los orígenes de la naturaleza en la Tierra.

Ballenas jorobadas
Samaná es otro de los lugares turísticos muy visitados en Dominicana, pero no solo por sus exquisitas playas. Allí cada año se reúnen miles de personas para salir en botes a observar a las ballenas jorobadas, que en miles llegan desde los mares de Islandia, Groenlandia, Cánada y América del Norte para aparearse.
El espectáculo de los enormes cetáceos saltando fuera del agua es impresionante, tanto como la pericia de los conductores de las lanchas, que pasan a escasos metros de estos, y uno casi puede rozarlos con las manos. El chaleco salvavidas es una precaución, pero es casi seguro que termine empapado de pies a cabezas, ya sea por los brincos de los botes en el mar o por alguna travesura de las jorobadas.

Sabor dominicano
Béisbol, música, alegría y cariño son la constante de todos los lugares en República Dominicana. El pueblo, mezcla de habitantes originales de las Américas con españoles, y luego franceses, ingleses y hasta chinos o árabes, por lo general es muy amable y hospitalario.
Junto a grandes hoteles, discotecas y casinos, por todos lados pululan los pequeños bares y comercios, las “fondas” donde comer los platos locales; y a los que no gustan de los grandes hoteles tienen para escoger pequeñas pensiones, algunas sin nada que envidiarles en comodidad y calidad de los servicios.
A toda hora hay facilidades para comprar casi cualquier cosa, ya sea en los grandes supermercados o en los pequeños negocios, conocidos como “abarrotes” o “colmados”, ubicados en medio de los barrios, y que ofrecen una impresionante oferta de productos.
Si quiere probar el “sabor dominicano” le recomiendo la “bandera”, que tiene los colores de la enseña nacional por el arroz, la carne de res bien sazonada y los porotos. También es famoso el sancocho, mezcla acuosa de carnes y vegetales, parecido al cocido español; y muchos gustan del “morir soñando”, un batido de leche y jugo de naranja muy refrescante.
En las calles, como en casi todas las carreteras, abundan los puestos de frutas y comidas ligeras. Exquisitas son las frituras y los chicharrones de cerdo, hechos con una receta propia para lograr que la piel se infle de viento al freírla.
Los jugos son muy ricos y naturales, aunque debe tener cuidado con el lugar donde los consume. Por precaución, sino es batido delante de usted al momento, al igual que el agua, tómelos embotellados y sellados.
¡Ah! Y no deje de probar un poco de “mamajuana”, una extraña mezcla de hierbas y raíces a la cual se le adiciona ron o vino, y que sirve como reconstituyente después de una noche bailando merengue en cualquiera de las variadas discotecas de República Dominicana.