SANTIAGO DE CUBA ES EL LUGAR. NO APARECE OTRO EN LA ISLA QUE TE HAGA ENTENDER EN UN SANTIAMÉN QUÉ SIGNIFICA, QUÉ REPRESENTA SER EL CARIBE

Mientras una buena parte de los hijos de esta tierra se siente más identificada con lo latinoamericano (un fenómeno sociológico común que se explica en el hecho de que la gente no alcanza a ver sus propias potencialidades, porque hace parte de ella), quienes en Cuba se dan poderosamente en el pecho por haber entregado al mundo la trova tradicional, el bolero y el son, no esconden su orgullo por saberse auténticamente caribeños.
Los santiagueros no esperan a que llegue la Fiesta del Fuego para convencerse de su idiosincrasia, de su verdadera naturaleza, porque tienen plena conciencia de lo que son. Su apego a esa región bañada por el gran Mar, donde lo «real» maravilla, lo expresan cada día cuando caminan y sonríen, cuando aman y se dejan amar; y, claro, también a través del baile, de la música, de la comida, de la religión, de las relaciones humanas, de esas tradiciones verdaderas que no dejan morir...  No esconden esa multiplicidad de colores que iluminan en esta Cuba hermosa mejor que todos, porque nadie como ellos ha estado en contacto tan directo con otras y  tantas expresiones caribeñas, desde que la villa de Santiago, a partir de su fundación, abriera generosa sus brazos de par en par a sucesivas migraciones.
A veces la gente, hasta que no consigue verse en el otro, no se concibe a sí misma. Pero eso no va con los santiagueros, porque saben que ser caribeño es una condición que no se puede abandonar jamás.
Julio ya está aquí, y con el séptimo mes del año el festival que más retumba en el Caribe, sin importar credos, lenguas, razas. Cierto es que este evento que nos une también hubiera podido surgir en Cartagena, Recife, Margarita, Belice, Puerto Príncipe, Barranquilla, Montego Bay, Olinda... Pero lo más seguro es que habría que inventar otro pueblo (porque tengo la sensación de que no existe) que participe de verdad, que se entregue con tanta pasión, ritmos, sangre, latidos y fuego; que se vea y sea el principal protagonista, que lo llene de luz y energía, como el de Santiago de Cuba.