Para los defensores del turismo MICE, ofrecer lo mejor es contar con una infraestructura del siglo XXI.
Perú sobresale por su herencia cultural.
La ciudad de Lima ha sido anfitriona de numerosos congresos y reuniones.

Se dice que uno de los rasgos que define la personalidad de los peruanos es la pasión por atender bien a sus huéspedes, apreciable cualidad que ha convertido a esa nación sudamericana en un inmejorable anfitrión, sobre todo en lo que a industria del turismo de eventos y reuniones se refiere.

Y es que, para ellos, los clientes exigentes –que son los que concurren a eventos– reciben el mismo trato que el mejor de los amigos: se les ofrece lo mejor. En Perú, entregar lo mejor va más allá de un alojamiento placentero, instalaciones modernas o profesionales dispuestos a superar las expectativas. Se trata de lucir la combinación perfecta entre una infraestructura del siglo XXI, amplia cultura del detalle, atracciones originales y cocina de altos quilates para poner al alcance del visitante una experiencia enriquecedora.

En la última década, ese país ha ganado importante experiencia en la organización de reuniones, congresos y eventos de distinta magnitud. Desde trascendentales foros mundiales que convocaron a más de 12 000 asistentes –entre altos dignatarios, académicos, profesionales y empresarios de distintas partes del mundo– ; hasta pequeñas pero no menos importantes reuniones y foros que tuvieron como escenario alguna de sus hermosas ciudades. Además de las instalaciones completamente acondicionadas, cuentan con profesionales en numerosas disciplinas: empresas productoras, encargadas de la coordinación general, empresas de catering y productoras de espectáculos, traductores, intérpretes, operadores turísticos, todos preparados para convertir los eventos en éxitos.

Según una publicación de la Comisión de Promoción del Perú para la Exportación y el Turismo, esta nación se posiciona como destino único por la rica herencia cultural que se entronca con la modernidad y el progreso, resultante de un crecimiento económico sostenido y  liderado por la inversión privada en áreas como minería, finanzas, manufactura y, por supuesto, la industria sin humo. Prueba de ello es la inversión en hoteles, mayormente de cadenas internacionales, que han enfocado sus estrategias con vistas a desarrollar el turismo de reuniones y eventos.

Desde citas para más de 12 000 participantes, hasta viajes de incentivos para las gerencias senior de corporaciones transnacionales, el Perú ha sido anfitrión de un gran número de presidentes, primeros ministros, líderes de opinión mundiales, jefes de organismos multilaterales y CEO.

No hay que pasar por alto que el país es considerado un hub regional. Los vuelos internacionales llegan al aeropuerto Jorge Chávez, reconocido entre los mejores de Sudamérica, y desde ahí es posible realizar conexiones con vuelos domésticos a diversos destinos turísticos (más de 30 internacionales), gracias a sus mil vuelos semanales aproximadamente.

En la pujante industria del turismo de eventos, reuniones e incentivos Lima ha ganado una enorme experiencia al albergar trascendentales eventos globales. Es una urbe adaptada a la vibrante dinámica de  acoger empresarios de todo el mundo. No es casualidad que las misiones comerciales y de inversionistas no hayan hecho más que multiplicarse en los últimos tiempos. 

La ciudad cuenta con una creciente oferta de hoteles de primera categoría, muchos de ellos pertenecen a las cadenas globales más prestigiosas y otros tantos a cadenas nacionales que operan con estándares internacionales, y que proporcionan con ambientes para todo tipo de eventos corporativos.

Lima posee la infraestructura y los lugares idóneos para los viajes de incentivos. Dispone de más de dos docenas de hoteles con espacios acondicionados para reuniones de grupos pequeños, medianos o grandes, además de atractivos orientados a reforzar la relación de los ejecutivos con sus empresas y su cultura organizacional. 

Asimismo, pone al alcance de los visitantes opciones para pasar los ratos de ocio, los cuales pueden ser empleados en conocer museos de talla internacional, con visitas guiadas para grupos especiales; los teatros o sitios turísticos coloniales y prehispánicos. La cercanía al mar y al campo también es una ventaja, pues nada mejor para relajarse luego de un evento –o como parte de un viaje de incentivos– que disfrutar unos días en contacto con la naturaleza, ya sea haciendo hiking o visitando las bodegas donde se elabora el afamado pisco peruano.

Junto con la capital del país, ciudades como Arequipa y Cusco, y el balneario de Paracas, también se encuentran listos para ser anfitriones de congresos, reuniones y viajes de incentivos. Actividades hechas a la medida, gastronomía inigualable y atracciones culturales que no pueden ser experimentadas en ningún otro lugar, además de la reconocida amabilidad de los peruanos, son algunas de las claves que harán de cualquier evento una aventura altamente disfrutable.