El plomero (2002), Jonathan Harker

La primera presentación de imágenes en movimiento en el Istmo se dio el 14 de abril de 1897 en la ciudad de Colón, antes de la independencia de la República de Panamá, de Colombia. En las primeras décadas del siglo XX, el grueso de la actividad cinematográfica se concentraba en comprar y comercializar producciones extranjeras para proyectar en las salas de cine, y no se concibió el cine propio como posible, mucho menos una industria.

Aunque en las primeras décadas del siglo XX se realizaron producciones aisladas, no es hasta la década de los 60 que se realizan varias producciones de largometraje. En 1967, se forma un pequeño grupo de aficionados al cine fundado por el cineasta Armando Mora, en conjunto con un grupo de estudiantes de teatro de la Universidad de Panamá, el cual llamaron Cine Club Ariel. Dicho grupo fue el responsable de organizar, dos años después de su fundación, el Primer Festival de Cine Nacional. A partir de este proyecto, Carlos Montúfar y Armando Mora produjeron una serie de cortometrajes en los que se refleja una experimentación en el lenguaje cinematográfico, en búsqueda de una estética propia.

En 1972, luego de la Primera Semana de Cine Cubano realizada en Panamá, se funda el Grupo Experimental de Cine Universitario (GECU). El GECU heredó, como la mayoría del nuevo cine latinoamericano, un modelo de cine contestatario, que con pocos recursos intentaba delinear un lenguaje diferente del imperante en la filmografía de la época. Este cine se alinea entonces con los diferentes manifiestos presentes en América Latina que intentan romper con el dominio audiovisual, para proponer un arte crítico, realista y revolucionario. Su enfoque y sus recursos le otorgaron distintos nombres en toda América Latina como Cine de la pobreza, según Glauber Rocha; Cine imperfecto, para Julio García Espinosa; o Tercer cine, para Fernando “Pino” Solanas y Cine Liberación. En este marco, el GECU produce, entre 1972 y 1977, de manera sistematizada y con apoyo del Estado, 30 documentales.

En 1994, surge el Centro de Imágenes y Sonido (CIMAS), un organismo privado que desde la década del 90, concibe y apoya a un número plural de producciones en video, reuniendo a realizadores como Jorge Cajar, Pituka Ortega, Luis Romero, Edgar Soberón, Luis Franco, Joaquín Horna y Edwin Mon. En palabras de Luis Romero, actual Director del centro: “Dentro de las tantas búsquedas emprendidas para enmarcar patrones propios de la diversa cultura panameña, una rama de la producción audiovisual nacional se destinó a la valoración de la música y la cultura afrocaribeña del país. El trabajo documental de Gerardo Maloney, miembro del GECU, es el más representativo en el tema”.

Del CIMAS, surge el trabajo de Pituka Ortega Heilbron quien, gracias al organismo, se capacita en un taller de escritura de guion junto con Gabriel García Márquez, en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. El trabajo de Pituka siempre porta un compromiso profundo con los problemas sociales de su tiempo, ejemplo de ello es su largometraje Sacrifictum(1999), filmada en un Centro de Resocialización Femenina. El filme es un híbrido entre documental y ficción, en el que se alternan testimonios de dos reclusas que han matado a sus esposos como resultado de la lucha de liberación de los abusos.

La imagen de la mujer seguirá siendo crítica y fuerte en el cine panameño, documentalistas como Ana Endara, en el año 2012, avanzan en ese sentido, con el documental Reinas.

Durante las décadas de los 80 y 90, hubo una notable proliferación de la producción audiovisual en video, impulsado por un auge tecnológico y por emprendimientos del sector privado, como el concurso RPC-Maxwell, en el cual se reúne la producción de profesionales de todas las ramas. En la década del 90, ya en democracia, el concurso RPC-Maxwell abre la categoría de cortometrajes, lo que permite a los participantes contar historias de manera más libre. Tras la suspensión del concurso en 1995, la labor del Centro de Imágenes y Sonido toma protagonismo produciendo una gran cantidad de proyectos de corto y mediometraje. El GECU mantuvo durante este periodo una producción modesta, respecto a la década de los 70, de la obra de nuevos realizadores como Gerardo Maloney y Edgar Soberón, así como los más experimentados como Pedro Rivera. Durante este periodo el grosso de la producción audiovisual se realizó en formato de video por la factibilidad y la libertad que conllevaba.

En 1999, Doña Mireya Moscoso, decoradora de interiores de profesión, se convierte en la primer Presidenta de la República de Panamá. Fue de la mano de Moscoso, que se hace entrega del Canal de Panamá al pueblo panameño, el 31 de diciembre de 1999. Este hecho marca el fin de la ocupación militar y el inicio de una nueva era para Panamá.

Una obra emblemática de los primeros años soberanos de Panamá, es One Dollar Panama: El precio de la vida (2001), dirigida por Héctor Herrera y Joan Cutrina. Es una película documental que trata sobre el impacto del imperio de las drogas y las armas años después de la invasión estadounidense en Panamá.

Del año 2002 se destacan dos producciones, La noche (2002), largometraje de ficción dirigido por Joaquín Carrasquilla, y el mediometraje El plomero (2002) de Jonathan Harker, que consiste en un drama experimental. Ambos filmes han sido realizados en formatos de video digital de gama profesional y mediante un presupuesto limitado, pero bajo concepciones distintas respecto a los modelos de producción y las maneras de emplear las nuevas tecnologías en el mismo.

La obra de Jonathan Harker es un ejemplo del empleo de la libertad sobre los medios digitales, ya que no solo se concentra en el plano técnico, sino que prevalece una compleja búsqueda artística mediante la experimentación con la elasticidad de la producción digital de imágenes.

En el año 2004, se funda la Asociación Cinematográfica de Panamá (ASOCINE) con el productor Luis Pacheco como presidente; con Carlos Aguilar Navarro, entonces Director del Sistema Estatal de Radio y Televisión; del Licenciado Anel Rodríguez, Director del Instituto Nacional de Cultura; y de Elena Vilardell, Secretaria Ejecutiva del Programa IBERMEDIA. La gestión de ASOCINE rápidamente se concentró, logrando que Panamá se convirtiese en un país activo y participativo de los temas audiovisuales, posibilitando su incorporación dentro de la Conferencia de Autoridades Audiovisuales y Cinematográficas de Iberoamérica (CAACI), y trabajando de cerca con el Instituto Nacional de Cultura y Sistema Estatal de Radio y Televisión para que Panamá se inscribiese al Programa IBERMEDIAG y gestionara la presentación de una legislación cinematográfica para Panamá. Durante los primeros años del nuevo milenio, también se realizaron en Panamá producciones como El sastre de Panamá (2001), Basic (2003) y Quantum of Solace (2007). La gestión de ASOCINE, hasta el momento, ha sido fructífera y de suma importancia para el establecimiento de una industria, buscando generar empleos y traer divisas al país, captando la atención de productores de Estados Unidos, Europa y el resto de Latinoamérica. Así mismo ASOCINE ha consolidado coproducciones exitosas con Latinoamérica como es el caso de Chance y la premiada película Melaza, de Carlos Lechuga.

En el año 2006, Pituka Ortega realiza su obra maestra, el largometraje documental de 75 minutos, Los puños de una nación, una retrospectiva de la vida del boxeador e ídolo panameño Roberto “Mano de Piedra” Durán, en relación con un pueblo panameño identificado que vio en este deportista al héroe que necesitaba.

En el 2009 se produce El viento y el agua, un filme del Colectivo Igaryala codirigido por la norteamericana Vero Vollow. Esta ha sido la película panameña más premiada en festivales internacionales, obteniendo dos premios en el Imagine Native Festival de Toronto, Canadá. Igualmente, en el Festival SanFic 5 de Santiago de Chile se alzó con dos premios. En el reconocido Sundance Film Festival logró ser parte de la selección especial.

En el 2009 se estrena Chance, de Abner Benaim, producida por Apertura Films en coproducción con Colombia y México. La obra retrata las complejas diferencias de clases sociales en Latinoamérica, a través de una comedia en la que dos empleadas domésticas que trabajan para una familia aristocrática panameña, deciden apropiarse de la casa de sus patrones. Esta película criticó a la clase política y, en general, a la sociedad panameña mediante la comedia. Además, estableció un precedente respecto a su recaudación al ser la más taquillera en la historia del cine panameño.

Durante esta última década, se dieron los pasos más significativos para la cinematografía de este pequeño país. Se produjo una mayor cantidad de proyectos de largometraje que reflejan realidades panameñas, los mismos cuentan con mejores estándares de calidad en relación con otras décadas del siglo pasado, gracias al desarrollo de las tecnologías audiovisuales, los esfuerzos aunados pero desde sus puestos de muchos profesionales y artistas del audiovisual, un festival internacional de cine, la nueva legislación con la nueva dirección de cine, el fondo cinematográfico y, ¿por qué no?, las megas coproducciones que aportan como Manos de piedras están cambiando el panorama, y la presente década se muestra para Panamá como el momento más prometedor para el cine de esa nación.