De izquierda a derecha: Fidel Antonio Orta, Miguel Barnet y Jorge Perugorría
Carlos Enrique Almirante en el papel de Fátima
Rodaje de Fátima o el Parque de la Frateridad

Fátima o el Parque de la Fraternidad es una película bendecida por la amistad, el talento y el arte. Fue en una reunión de amigos (intelectuales y artistas) donde el escritor Miguel Barnet leyó, en voz alta, su cuento del mismo nombre, ganador del Premio Juan Rulfo.
El monólogo, con los auspicios de Eusebio Leal, se convertiría primero en un bello audio libro, producido por la Oficina del Historiador y, más tarde, en el proyecto de varios amigos ―el cineasta Jorge Perugorría (Pichi), el escritor Fidel Orta y un mecenas, Jay Rodríguez― quienes lo oyeron fascinados, al calor de otra tertulia, de la que se despidieron ya comprometidos en hacer la película.
Aunque, al mismo tiempo, se filmaban otros temas similares en el país, los nombres asociados a Fátima… generaron más expectativas. Se le asociaba, a priori, con la emblemática Fresa y Chocolate, que fuera magistralmente interpretada dos décadas atrás por Pichi, y con el actual apogeo del tema gay en el cine cubano. Pero, Miguel Barnet lo vio siempre desde otra perspectiva más universal:
 “Escogí el tema porque me parece que es uno de los grandes dramas de la contemporaneidad.
“Quise entrar en un drama humano y social con rasgos sicológicos muy fuertes, y me pareció que lo más representativo era el tema del travestismo. En definitiva, un escritor es un travestido, como lo es cualquier artista.
“Y yo me identifiqué también con esos personajes porque los he visto aquí en Cuba, en Europa, en todas partes, y he sentido un gran respeto y una gran compasión, porque sufren uno de los dilemas más terribles: no querer ser como son.
“Querer ser de otra manera y no poder nunca alcanzar esa meta, porque nunca pueden alcanzar la meta de ser lo que no son. Son personas inacabadas, imperfectas, que sufren mucho porque tienen una vida amputada, manca.
“Vemos, a veces, a estas personas en las tablas; a veces, en espectáculos de segunda o cuarta categoría, y no entramos en el dolor que hay en estas almas. Y eso fue lo que quise expresar.
“Entonces, me auxilié de un guionista ya con experiencia, Fidel Antonio Orta, que ha hecho un guion realmente extraordinario, con una dramaturgia, no lineal ni cronológica, sino circular. Hay cronología, pero hay sicología.
“El tiempo cronológico abarca cinco horas en la vida de este personaje; pero el tiempo sicológico incluye muchos años, 40 y pico, los años en que esa persona estuvo fraguando, estuvo acunando esa otra personalidad que floreció cuando se encontró, por primera vez, en un espectáculo de travestis y dijo: ‘Esto es lo que yo quiero ser’. Es un acto, no solamente de desafío ni de valentía ―había que tener coraje para asumir eso―; es un acto, yo diría, de salvación espiritual.
“Es un personaje que admiro, ¿sabes? Porque tiene tres conflictos fundamentales en su vida: el primero, querer ser mujer cuando no es mujer biológicamente; el segundo, enamorarse de lo imposible, a sabiendas de que es lo imposible ―no creo que este personaje haya sido ingenuo; tenía amores con este hombre, pero sabía que no iba a poder reproducir el esquema heterosexual que la sociedad le exigía, sin embargo lo asumió así―. Y el tercer conflicto, es el de querer ser una gran artista. Ninguno de estos personajes logra ser ni Édith Piaf, ni Beyonce, ni Rosita Fornés en el caso de Cuba. No lo logran porque no tienen la voz, no tienen las facultades. Son una especie de ventrílocuos, copias, calcomanías. Siento una gran compasión por ellos y, a la vez, una gran admiración; porque yo admiro a todas las personas que desafían el prejuicio y las convenciones”.
En cuanto al parentesco posible con Fresa y Chocolate, el Premio Nacional de Literatura y Presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, no ve similitud ni paralelo entre ambos filmes.
“Sí; son los dos cuentos cubanos que han ganado el Juan Rulfo, hay temas parecidos, pero no es la misma tragedia. En ningún momento el personaje de Fresa y Chocolate quiso ser una mujer. Y eso me parece que conduce a Fátima… a otra dimensión de lo que los clásicos griegos llamarían ‘lo trágico’.
“De todas maneras, me complace mucho que Jorge Perugorría se haya entusiasmado y que sea el director, porque se ha identificado con el tema de la diversidad; pero la verdad es que nunca pensé en Fresa y Chocolate cuando estaba escribiendo este cuento. Pensé en el Parque de la Fraternidad, en Fátima y en estos personajes de la noche”.