La escritora mexicana Elena Poniatowska se incorporó, este mes de noviembre, a la reducidísima lista de mujeres ganadoras del Premio Cervantes, el más importante reconocimiento literario de la lengua española.

Nacida en París en 1932, hija de un aristócrata polaco y de madre mexicana, se trasladó a México en 1942 huyendo de la invasión nazi. Al mundo de las letras llegó por la vía del periodismo: comenzó a trabajar en el diario Excélsior en 1953, y luego en el periódico Novedades. Sus estudios en los Estados Unidos le permitieron acercarse a la cultura norteamericana; probablemente por esa razón, puedan apreciarse en su labor reporteril las huellas de lo que se dio en llamar Nuevo periodismo. Sus textos han sido recogidos, desde entonces, en los títulos Palabras cruzadas (1961), Domingo siete (1982), los siete volúmenes de Todo México (1991-1999) y Jardín de Francia (2013).

Ya en 1955, publicaba su primera novela, Lilus Kikus, y desde entonces nunca dejó de alternar literatura y periodismo en su obra. “Yo me considero escritora y periodista, porque toda mi cultura se la debo al periodismo”, afirmó al  recibir la noticia del Premio Cervantes. Novelas, crónicas, obras de teatro, entrevistas, poesía, ensayos, libros para niños y hasta una biografía sobre su fallecido esposo —reconocido astrofísico que revolucionó el estudio de la astronomía, y cuyo nombre llevan el Observatorio de Sonora, las estrellas azules y otros objetos celestes— El universo o nada. Biografía del estrellero Guillermo Haro, han nacido de la insaciable curiosidad de esta mujer que confiesa que le interesa, sobre todo, lo que no se le parece.

En sus textos, México aparece como una constante; pero es el México profundo el que asoma siempre tanto en la literatura como en el periodismo de Elena Poniatowska. En sus libros puede verse un país desgarrado por la violencia de La noche de Tlatelolco (que narra la mayor matanza de estudiantes de la historia de ese país, ocurrida el 2 de octubre de 1968); el dolor ante la muerte de miles de personas por el terremoto de 1985 en Nada, nadie. Las voces del temblor; y también puede conocerse a la clase media mexicana, vista desde la mirada de una empleada doméstica en su novela, aparecida en 1969, Hasta no verte Jesús mío.

“La literatura latinoamericana debería documentar lo que sucede en América Latina, porque para ser provechosamente universal hay que ser también nacional, hablar del propio país, hablar de las propias cosas, no es hacer indigenismo ni costumbrismo, sino de veras dar una visión del país como la dio Gabriel García Márquez, como la dio un gran escritor que merecía más que nadie el Nobel de Literatura: Alejo Carpentier, como la dio Miguel Ángel Asturias, que fue muy importante para Guatemala, y como la han dado otros escritores. Es muy importante reflejar en nuestra literatura nuestra realidad y que nos conozcan y nos amen a través del conocimiento que tienen de nosotros” —comentaba en una entrevista que le dio a esta autora en el 2007.

Vivir en una sociedad con rasgos acentuadamente machistas probablemente es lo que motiva a Elena a regresar una y otra vez sobre el rol de la mujer, ya sea retratando a mexicanas transgresoras que desafiaron las convenciones de su tiempo como la pintora Frida Kahlo, la escritora Elena Garro y su propia tía, la poetisa Pita Amor, en Las siete cabritas; escribiendo la biografía de la fotógrafa Tina Modotti, Tinísima; narrando la historia de una polígama en De noche vienes; contando en la novela Leonora la vida de la pintora surrealista Leonora Carrington; abordando la violencia sufrida por las mujeres en textos como La herida de Paulina: crónica del embarazo de una niña violada; o fundando las revistas Fem y Debate Feminista.

La literatura y sus creadores son, en sí mismos, otra de las pasiones de esta escritora gran amiga del fallecido escritor mexicano Carlos Monsivais. Son reconocidos, por certeros, sus ensayos sobre Gabriel Figueroa, Juan Soriano y Octavio Paz. Su archivo personal, donde se encuentran cartas de destacados autores, pasará a formar parte de una fundación que creará con la dote del galardón la cual brindará, además, servicios para fomentar la lectura.

Su posición política no solo se ha expresado en el apoyo a candidatos de izquierda como Andrés Manuel López Obrador, sino que también puede apreciarse tanto en su accionar periodístico ―con sus análisis sobre la situación actual de México y sus defensas del ideal de Bolívar: una América Latina unida, como en su propia literatura. Fue fundadora del diario mexicano La Jornada, con el cual colabora hasta la actualidad. En 2007, Poniatowska recibió el XV Premio Internacional Rómulo Gallegos por su novela El tren pasa primero, que tiene como protagonista a un líder sindical ferroviario.

Los reconocimientos han sido, de hecho, una constante en su carrera: Hasta no verte Jesús mío recibió el Premio Mazatlán (1971); en 1978 se le otorgó el Premio Nacional de Periodismo; en 2001, obtuvo en España el premio Alfaguara de Novela por La piel del cielo, y el doctorado Honoris Causa por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); en 2011, el Biblioteca Breve de la editorial Seix Barral por Leonora y el Premio Nacional de Lingüística y Literatura en 2012.